Fuera de aquí, usureros del mundo... ¡mala muerte tengáis de repente!

Ceuta Mi Amor


Desde la ventanilla oí tu nombre: ¡Ceuta mariquita!

Y me enamoré de esa voz

(imaginé palabras, versos sin errores flagrantes)


En la madrugada

Usas labial negro, camisa larga

Tu rostro ultramarino abate mi perfecto soslayo:

Pez en la orilla, entre la tempestad de cardúmenes.

Entre tus manos, exhalo el mar

como si fueras la niña que amé mientras jugaba a saltar la cuerda


Si al menos pudiera tocar tu mirada de princesa africana

Abriría de par en par mis dedos en el ardid

Te haría pájaro y fragua en mi vieja máquina de hacer sueño de verano


¡Ven, sígueme a casa!

Estaré despierto por si vienes a dormir.

Un perro a puerta cerrada azuzará el cantar de gallos.

Pelearé tu presencia a puño y disparo

Habitaré solo y extraño la ciudad que te hirió de temor y relámpago


Ceuta, no sé quién eres,

Te conocí dos cuadras atrás: un jeep wrangler te dejó en la calle

entre golpes y sábanas blancas

Estabas sudorosa, grávida de miedos, de piedras.

Tarde o temprano, amanecerá como suele ocurrir bajo el sol.

Pienso en abrirte los ojos para verte desnuda.

(imaginé tus costados, tu vientre sin memoria)


Uno ama porque las noches cantan canciones de amor cuando uno va por ahí.

Poco importa si la mujer que uno ama tiene miedo de mirarte, de seguirte o amarte.

Sea cual sea mi suerte hoy, mañana volveré al sitio del combate: el corazón, el trueno.


La mierda pasa, Ceuta asustada.

Haz que valga la pena tu venganza. Y mira sus ojos arder.

El viento también querrá pasar soplando por sobre sus pies deformes.

Y yo, al leer tu nombre en el periódico, sonreiré tranquilamente.



El arte de cantar canciones de amor


De repente abrí los labios de par en par

Y grité a voz filosa: te estaré esperando en la pared blanca y fría.


Otro río, otro cuerpo que se suma

Materia y carne, pájaro y fuego

Así de simple la primera juventud

Contra un puñado de estrellas


Tierra y explanada,

cactus y buitre, así tu nombre gracioso Juan

Sólo la risa te resiste –multiplicaos en la comedia


Pobre Juan, ni la muerte lanza poemas a la luna


Haz tu jugada en pleno escenario:

Y dinos cómo regresaste de la soga

Estoy listo para aprender el arte de cantar canciones de amor a las ranas

de Aristófanes

¡Qué buena mano! As, as y rey tañen de viaje y fatalidad

mi peor racha, mi mirada trashumante


Voy al ojo por ciento, vieja suerte, sin ninguna certeza

Abigarrado y fugaz

Con una palabra en la sien

Bala…


Junio/20

A yayi bucare

Está justo ahí
El árbol que nos da de beber

6:00 am. El reloj me trae de regreso.
Despierto sin deseos de oír mis propios latidos, mi voz
Tengo mis pies en el suelo, y los veo pálidos. Sucios.
Pienso en mí. Seco. Lleno de hastío.

Camino hasta la puerta y me veo a mi mismo adormecido.
Vuelvo a la cama sólo un segundo.
6:15 am. La televisión se enciende. Cambia de canal. Algo de ayer se repite.
No sé qué dice, pero escucho un ruido de agua eferveciendo en mis oídos.
A veces pienso en su cara de vidrio y no sé que ver. No quiero seguir viendo sus ojos de monstruo insomne, me digo. Sobresale de la pared como un ombligo.

Está justo ahí
La mujer que me ama, está detrás de todos mis aullidos.

Al mediodía me siento a la mesa y te sonrío: te doy las gracias por no olvidar nuestros almuerzos en La vela, frente al mar.

Estás justo ahí.
Al caer los días, hoy 20 de junio.
Mientras respiro.
Empous el de los pies de asno

Se nos vino encima

empous el de los pies de asno
Era medianoche y todos estábamos mudos porque mi papá no regresaba.

- ¿Por qué no están durmiendo? Que les dije.

Oímos ruidos en la calle y todos fuimos a ver. Cuál ladró cientos de veces, mientras corría como loco por entre las piernas de la tía Clara.

- Otra vez viene vestido de mugre – dijo la tía Marta cruzándose de brazos. ¿Hasta cuándo vas a soportar vivir así?

Alguien anocheció de malas –se burló mi mamá. Y ustedes hediondos a sumidero y yo aquí preocupada de que les hubiera pasado algo.
- Es que no sabes… -dijo mi papá. El mundo se nos vino encima.
- No sólo el mundo –dijo mi tío Eladio, con un dejo de asombro; algo mucho peor. Fuimos literalmente sepultados en la basura.
- ¡Uy, sí! Caímos de cabeza en un hueco de escombros en mitad del Llenadero.
- Así mismito, yo sentí un temblor bajo mis pies y justo en ese momento caí.
- Pero todo fue culpa mía –dijo mi papá. Me quedé como un zamuro viendo este mamarro de perol recién tirado a la basura, y justo pensé en Andresito.
- Sí, yo también la vi y me eché a correr. Luego caímos.
- Metimos la pata –dijo papá. Las cuatro.
- Las ocho, diría yo. Porque yo también estuve ahí.

Sin saberlo mi papá nos trajo dos regalos esa navidad: el primero, un televisor requetegrande para mi hermana y para mí; y el segundo, una larga hilera de camiones que llegó a la casa pasar la noche de navidad.

Esa medianoche todos se quedamos a dormir. Mi mamá y mi papá durmieron abrazados en su cuarto. Mis tías, en la sala. En tanto mi hermana y yo no nos separamos ni un segundo. Dormimos con los ojos abiertos, pegados al televisor que nos trajo mi papá.
empous el de los pies de asno
empous el de los pies de asno

Septiembre

Empous el de los pies de asno
Tres veces tu mirada sencilla
empoussss tu beso de viento enamorado
empoussss tu sonrisa de viejos amores

A ti te nombra la luna mediana,
empousssssssla calidez de cientos de ojos recién nacidos
empousssssssla sabia palabra de la piel agreste de cientos de abuelos por morir

Tu edad no conoce monstruos como yo,
el de los pies de asnsssssssoespejismos como yo,
mas si supieras cuántos monstruos y espejismos he visto partir junto a ti,
no dudaría en darte el mundo y la mayor victoria con un mañana te veré a mi lado siendo mi amada inmortal.


Hoy celebro que sigo siendo resplandor del voluminoso ayer
Todo lo que siento por ti me dice tengo fe en lo que sigue…
si te pienso a mi costado más estrecho… no dudo que soy de carne y hueso

Esta ofrenda es una palabra de sí, mi yayi…
Hasta la huida-en-descenso-hacia-la-muerte te veré florecer mi eterna flor de bucare.

No hay prisa.
No quiero regresar a la noche antes de tiempo.
Solo espero un cielo de mil espigas que estreche mis brazos hacia ti
Para siempre.
empous el de los pies de asno
empous

A las Escondidas

EMPOUS EL DE LOS PIES DE ASNO
– Muy bien, niños…

El maestro di violino solía pasar horas en la Pietá. Iba de un lugar a otro, hojeando su libro de música. Caritá, nos decía. Aquí tenéis pan y abrigo. Allá afuera ni siquiera eso. La mirada del maestro Vivaldi se quedaba en nosotros, hasta que finalmente decía: aquí seréis buenos espíritus. Allá afuera a lo sumo seréis ratones de canaleta. Dios los trajo hasta aquí por una razón: la música. El maestro hablaba siempre aprisa. Caminaba sin descanso, de aquí para allá, o alrededor del clavecín, mientras preguntaba y se respondía a sí mismo. Este oboe cuesta no menos de ocho ducados. Esta flauta no menos de tres. ¿Cuánto nos vale su sonido? La respuesta está aquí y aquí.

El maestro enseñaba violín, viola y clavecín de siete a once, canto llano y de contrapunto de una a seis. Durante toda la semana no hacíamos otra cosa que oír nuestras voces en el claustro de música. A mí me gustaba mucho el tono brillante de Anna, su voz me hacía sentir contenta al escucharla. No así el tono fuerte de Addo: su voz me hacía estremecer y, muy en el fondo, me lastimaba. Giovanni, por su parte, era el favorito del maestro: su tono tranquilo iluminaba su rostro. Magnificat anima mea Dominum, decía. Proclama mi alma la grandeza del Señor. Aunque no muy diferente a la de Anna, mi voz era triste; una nube negra entre las otras voces del coro.

***
Nuestro claustro en el Ospedale terminaba apenas el maestro Vivaldi subía al carruaje rumbo a Vicenza, o Roma. En ese momento, nuestro azor-centinela, Giovanni, coreaba altos y bajos en señal de libertad y convocatoria. Durante toda la noche jugábamos a las escondidas, y lo hacíamos bajo rústicos envoltorios de sombra y disfraces. Yo los pintaba a todos de colorete rojo y blanco, como si fueran señoras nobles de Venecia. Giovanni, por su propia cuenta, se disfrazaba de obispo jorobado. En tanto, Addo envolvía su rostro de tigre, de corso-tigre, como era su nombre verdadero entre los antiguos venecianos.
Cincuenta y tantos huérfanos vivíamos en la Pietá y todos, menos Anna, jugábamos a las escondidas por todos los rincones del Ospedale. Anna nos veía y se volteaba: permanecía todo el tiempo paraba frente a la ventana. Esperaba al maestro di violino.

Los chicos de la orquesta les parecía gravísimo nuestro bullicio. Les gustaba jugar, y vestirse de señores de Venecia o pintar de sombra sus caras tullidas por la inmundicia y el frío. Por las noches, Giovanni, Addo y yo íbamos hasta sus camas y los hacíamos correr de miedo. Envueltos en montones de trapos, salíamos a medianoche a dar pasos de gusano por todos los pisos y la cocina: a las niñas recién salidas de los canales las asustábamos con echarlas al río; en la cocina nos robábamos el pan y la mantequilla.

A todos nos gustaba jugar a las escondidas: yo corría al clavecín del maestro, y no salía hasta que Giovanni tosía tres veces seguidas en señal de rendición. Escondernos era un arte de oídos sordos en el Ospedale de la pietá. En ocasiones, mi voz triste se oía falsa, la de Giovanni, en cambio, siempre lucía filosa, perforante.
Anna sólo cantaba para el maestro Vivaldi. Desconocía las idas, pero sabía mucho de regresos venturosos. Anna amaba con locura al maestro di violino.
Addo no cantó nunca más con nosotros ni con los chicos de la orquesta: volvió al canal vestido de corso-tigre.

Afuera deletreo C-a-r-i-t-á. Un ruido de oboes se pierde entre las migajas de lluvia.

– Llegó Vivaldi –dijo Anna.
– Ya estamos todos –dije yo, mirando de reojo a Giovanni.
– Apuesto a que sí –dijo el maestro di violino vestido de Quijote, como antes.

OS DOY ESTE LUGAR NO TAN SANTO PARA QUE DIGAS LO QUE QUIERAS.

Que aquí no gobierna ni sotana pederasta ni politicos de mierda.

EL MUNDO ES UNA GRAN MENTIRA

es una máquina ignominiosa, gobernada por hideputas y tirada por asnos.